Aquí sucede todo lo que pasa en el corazón de Malinalco: hay tortillas y tamales, campanas y mercado, agua miel y pan horneado en leña… Uno puede hacer su vida a pie. Adentro, una casa fresca, con barro y madera con amplias áreas comunes y una pérgola que mira a las montañas, en un amplio jardín con mangos, naranjas y ciruelos, donde también cabe una hortaliza, un compostero y hasta un baño seco para quienes deseen vivir en resonancia con la naturaleza.