Los apantles son corredores biológicos que cosechan el agua de diversas fuentes naturales —manantiales, ríos y pozas—, a la vez de ser reservorios pluviales, lo que puede verse en el Texcaltepec, o Cerro de los Idolos, labrado en la piedra arriba del Cuauhcalli, o Casa de las Aguilas, en la zona arqueológica de Malinalco.
El Apantle: del náhuatl apantli, es ‘agua en fila’ y corre libre sobre canales a cielo abierto, aprovechando el declive natural del terreno, lo que permite distribuir de manera eficiente el riego de parcelas, huertas y viveros de traspatio; sostener ganado y, en Las Truchas, la piscicultura.
Antiguamente, la limpieza de los canales del agua era parte de un ritual relacionado con los ciclos agrícolas, para generar un vínculo con la naturaleza en el entendido que los elementos son sagrados. Estas festividades místicas le rezan al espíritu del agua con ofrendas de la tierra y dulces canciones de arrullo que, afortunadamente aun se escuchan en algunas comunidades de México y acompañan el ritmo alegre del agua que preserva el ecosistema nativo y el uso sustentable del agua.