Aquí la vida transcurre en plenitud, con una vista abierta al verdor de un jardín que cambia con las estaciones de vestimenta. Desde arriba, una estancia en la que se integran familia y amigos a disfrutar de un Malinalco de a pie, cerca de todo pero lo suficientemente lejos para gozar del cantar de los grillos y las chicharras. Más abajo, los huéspedes habitan el espacio donde los niños corren y juegan.