Aquí la luz mana de la tierra, de la montaña, de las flores y los frutos. Al remate de una callecita privada, este balcón maravilloso, pleno de vida y paz regala mangos, duraznos, ciruelas rojas, nísperos, agaves, nopales, aguacates, limones, naranjos, papayos, maracuyá y todo lo que la mano que ama a la tierra siembre. Con el refugio de la montaña, desde este lugar privilegiado, se goza de la quietud de un pueblo lleno de medicina.