Hay una callecita antes de entrar al pueblo donde empieza la calma al resguardo de la montaña. Caminas quince minutos y ya estás en la vida del pueblo, donde los coibríes y los corazones de madera te llenan el ojo y el mercado el antojo. Ven y comparte esta propiedad en la que dos terrenos contiguos, de mil metros cada uno, te ofrecen la oportunidad.